Tuesday, February 14, 2012
Aversión al debate
Aversión al debate Jesús Silva-Herzog Márquez Reforma lunes 23 de enero de 2012
Confieso que vi el debate de los precandidatos panistas a la presidencia de la república. Sé que los minutos que dediqué a ver sus discursos hablan muy mal de mí. Tantas cosas que podía haber hecho, y yo con la computadora prendida viendo sonrisas tiesas, palabras gastadas y promesas. Concursos de lealtad, incompetencia vuelta orgullo, la vacuidad congelada en mueca. Tal vez escribo este artículo para no sentirme tan culpable de haber perdido sesenta minutos de mi vida.
El PAN fue un lujo de la vida política mexicana. No lo digo por sus ideas, sino por sus prácticas…La penosa vida parlamentaria mexicana encontraba en la representación panista un manojo de voces que apostaba tercamente al argumento. Si un partido se empeñó en alimentar al Congreso con debates, fue el PAN. Lo hizo con algunos polemistas notables que se formaron resistiendo a una aplanadora. Una profunda tristeza deben haber sentido los panistas de antes al ver el encuentro de sus opciones para el 2012: ninguna de sus cartas para la elección presidencial encarna esa tradición parlamentaria...
Los panistas presentaban el encuentro como si fuera un debate pero no hubo nada que se acercara a la polémica…Es una desgracia para México que el partido de mayor tradición parlamentaria haya encallado de esa forma. El PAN terminó por reproducir la política cortesana del PRI y adoptar la futilidad de los pasquines de autoayuda. Escribo no solamente para quejarme de la peor hora de mi semana sino para registrar, por una parte, la debacle intelectual del PAN y por otra, la ausencia de una cultura de la polémica en el país…
La aversión a la polémica no es, desde luego, un vicio exclusivo de la clase política. El repudio es nacional. Es infrecuente entre nosotros que el desacuerdo sea un juego de inteligencia, de razón y, por supuesto, de humor. Una partida que acepta y anticipa la jugada del otro, es decir, que reconoce su derecho a la réplica. Un juego que entiende que la discrepancia implica rivalidad pero no es una declaración de guerra. Discutir parece actividad de mal gusto, una agresión, una insolencia. Debatir es arruinar la fiesta de lugares comunes, vaguedades, evasivas y demás tributos a la falsa fraternidad. La aversión a la polémica nos lleva, así, de la etiqueta más barroca a la riña más pedestre…
La polémica es la tierra baldía de México. Cosío Villegas pedía que la vida pública fuera, en verdad, pública. Yo quisiera que el debate público fuera, en verdad, debate.